| daba la vuelta con sus hombres a trote ligero, ansioso por poner entre ellos y los
ballesteros la mayor distancia posible. El jefe de los soldados enemigos hablo
con Jeanette y parecio impresionado por su altivez. Se sentiria honrado, dijo, de
escoltar a la condesa hasta Guingamp, aunque la aviso de que el duque no
estaba alli, sino que se encontraba de vuelta de Paris. Se decia que se habia
detenido en Rennes, en aquel momento, una ciudad a un dia largo de camino
hacia el este.
—.Me podriais acompanar a Rennes? —le pregunto Jeanette a Thomas.
—.Quereis, mi senora?
—Un hombre joven es util —repuso ella—. Pierre es ya muy mayor —
senalo al criado— y ha perdido la fuerza. Ademas, si vais a Flandes, tendreis
que cruzar el rio por Rennes.
Asi que Thomas siguio acompanandola durante los tres dias que necesito el
carro para, a trancas y barrancas, completar el viaje. No necesitaban escolta a
partir de Guingamp, pues habia poco riesgo de que los ingleses se adentraran
tan al este de Bretana y la carretera estaba bien patrullada por las fuerzas del
duque. El campo le parecia extrano a Thomas. Se habia acostumbrado a los
campos pelados, los huertos desatendidos y los pueblos desiertos y aqui habia
granjas prosperas con mucho movimiento. Las iglesias eran mas grandes y
tenian vidrieras y cada vez menos personas hablaban breton. Seguia siendo
Bretana, pero la gente hablaba frances.
Se alojaron en tabernas rurales infestadas de chinches. A Jeanette y a su hijo
les dieron lo que se suponia era la mejor habitacion y Thomas y los criados se
alojaron en las cuadras. Se cruzaron con dos curas por el camino, pero ninguno
sospecho que Thomas fuese un impostor. Los saludo en latin, que hablaba
mejor que cualquiera de los dos, y ambos le desearon vehementemente un buen
dia y que Dios lo acompanara. Thomas casi pudo sentir su alivio cuando no
prosiguio las conversaciones. Los dominicos no eran muy populares entre los
curas de parroquia. Los frailes tambien eran sacerdotes, pero tenian
encomendada la erradicacion de la herejia, asi que una visita de los dominicos
podia suponer que un sacerdote no habia atendido bien a sus deberes y hasta
un joven fraile tosco y salvaje como Thomas no era muy bien recibido.
Llegaron a Rennes por la tarde. Negras nubes se avecinaban por el este y la
ciudad se alzaba como ninguna otra que Thomas hubiera visto. Las murallas
eran el doble de altas que las de Lannion o La Roche-Derrien y tenian torres
coronadas con techos en punta cada varios metros que servian de arbotantes y
de atalayas desde donde descargar lluvias de dardos a cualquier atacante. Por
encima de las murallas, mas altas aun que las torretas, sobresalian las torres de
la catedral, la ciudadela y el castillo de piedra clara adornado con estandartes.
El olor de la ciudad se dispersaba hacia el oeste con un viento frio: hedor de
alcantarillado, talleres de curtido y humo.
Los guardas de la puerta oeste se alteraron cuando descubrieron las flechas
en el carro, pero Jeanette los convencio de que eran trofeos que llevaba al
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