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Me dio unas palmaditas en la espalda
- Posted at 10:08 PM on 12/5/2011 by danielwells4 visit my site - forex Me dio unas palmaditas en la espalda y se marchó, dejándome sin nada que hacer en Hollywood. Decidí escribir un cuento. Había tenido una idea en Inglaterra antes de marcharme. Algo sobre un pequeño teatro al final de un muelle. Magia escénica mientras llovía. Un público que no notaba la diferencia entre magia e ilusión y al que no le afectaría si todas las ilusiones fueran reales. Aquella tarde, mientras paseaba, me compré un par de libros sobre magia escénica e ilusiones victorianas en la librería ""abierta casi toda la noche"". Tenía una historia, o su semilla al menos, en la cabeza y quería explorarla. Me senté en el banco del patio y hojeé los libros. Decidí que andaba tras un ambiente particular. Estaba leyendo sobre los hombres de los bolsillos, que llevaban los bolsillos llenos de todos los objetos pequeños que uno pudiera imaginarse y que sacaban lo que fuera que se les pidiese. Nada de ilusiones, sólo proezas sorprendentes de organización y memoria. Una sombra cruzó la página. Levanté la vista. ―Hola otra vez ―le dije al anciano negro. ―Señor ―dijo él. ―Por favor, no me llame así. Hace que me sienta como si tuviera que llevar un traje o algo parecido ―le dije mi nombre. Él me dijo el suyo: Pío Dundas. ―¿Pío? ―no estaba seguro de haberle oído correctamente. Asintió con orgullo. ―A veces lo soy y a veces no. Así es como me llamó mi mamá y es un buen nombre. ―Sí. ―¿Y qué está haciendo aquí, señor? ―No estoy seguro. Tendría que estar escribiendo una película, creo. O, al menos, estoy esperando a que me digan que empiece a escribirla. Se rascó la nariz. ―Toda la gente del cine que se alojó aquí, si se los empezara a enumerar ahora, podría hablar una semana hasta el próximo miércoles y no le habría dicho ni la mitad. ―¿Quiénes eran sus favoritos? ―Harry Langdon. Era un caballero. George Sanders. Era inglés, como usted. Solía decir, «Ah, Pío. Tienes que rezar por mi alma». Y yo decía, «Su alma es asunto suyo, Señor Sanders», pero rezaba por él de todas formas. Y June Lincoln. ―¿June Lincoln? Le brillaron los ojos y sonrió. ―Era la reina del celuloide. Era mejor que cualquiera de ellas: Mary Pickford o Lillian Gish o Theda Bara o Louise Brooks... Era la mejor. Tenía Permanent Link
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